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Felices y distintas navidades, desde Uganda

Llegué hace sólo unos días y estas navidades “a la ugandesa” me están sorprendiendo enormemente. Dejar de pasar estos días con mi familia, la española, quiero decir, no ha sido una decisión fácil de tomar. Son unos días “especiales” para todos. La familia reunida, la mesa llena. Aunque siempre, desde pequeña, he pensado en cómo pasarían la navidad los que no tienen familia que reunir, ni tienen con qué llenar la mesa.

 

Venir a Malayaka House, esta casa de todos, ha sido otra vez, un privilegio más para mí. Ya he contado en una ocasión que estamos comenzando un proyecto de clínica dental en Uganda que dé servicio y soporte a esta casa de acogida (Malayaka House) para poder crecer y atender las necesidades de estos niños que se lo merecen todo, y que llegan aquí sin nada.

 

Lo primero que quiero que sepáis es que, aparte del proyecto de la clínica dental, he venido a pasar las navidades entre amigos, entre mi nueva familia. Desde Robert, su fundador, y pasando por Bea, su coordinadora española, todos y cada uno de los niños y niñas que viven en Malayaka House son mi nueva familia. Una familia que se ha formado hace menos de 8 meses, pero cuyos lazos son tan fuertes que me han hecho regresar aquí en dos ocasiones más, tras ese primer viaje que hiciéramos en abril de este año mis colegas, Laura y Prado, y servidora.

 

Como toca en navidad, los niños de Malayaka House también tienen vacaciones durante estos días y no tienen que ir a la escuela. Casi un mes de vacaciones para los que van a la escuela internacional, y dos para los que siguen el programa de escolarización ugandés. Así que podéis imaginaros las ganas que tienen de jugar, leer, saltar, escuchar historias o salir de casa.

 

Durante estos días, además, las “Aunties” que se encargan del cuidado de los niños, de la casa y de preparar la comida también tienen vacaciones. Así que las niñas mayores han tomado el relevo. Digo niñas pero todas tienen entre 15-17 años. Ellas son las encargadas de poner orden (no hay como un grito en ugandés para que todo niño se comporte como debe), de organizar la limpieza de la casa, las duchas y de preparar la comida para todos, niños y mayores.

 

cocina MH

Las niñas mayores en la cocina de Malayaka House

 

Y lo hacen de maravilla. No les he oído quejarse por tener que trabajar en vacaciones, ni un solo segundo. Lección de servicio incondicional que me llevo aprendida.

 

diego ducha

Todos los niños se duchan por la mañana y antes de ir a dormir. Los más pequeños, necesitan un poco de ayuda.

 

Es más, el día de Navidad propiamente dicho, las niñas mayores nos prepararon una comida súper especial, con una variedad de platos ugandeses diferentes dignos del mejor hotel del país. Comimos arroz y judías pintas, cómo no podía ser de otra manera aquí en Uganda, pero acompañados de pescado, pollo, cerdo, patatas y calabaza cocidas y matoque (plátano macho cocido). Los platos, tanto de niños como de mayores, se llenaron hasta los topes. Y gozamos de lo lindo de comer manjares, preparados por nuestras chicas con tanto cariño, y de comerlos juntos, todos juntos.

comida navidad

Aquí vienen con las cazuelas llenas.

 

plato comida MH navidad

Completa selección de manjares ugandeses.

 

Esto fue lo que hicimos el día de navidad. La Nochebuena, que aquí no se celebra, fue un tanto diferente a lo que hubiera sido en España. A estos niños, como a todos, les encantan las películas de dibujos animados. Y si les preguntas, te dirán que ven muchas menos de las que a ellos les gustaría. Así que, por complacerles, puesto que la navidad es tiempo de niños, más que de mayores, organizamos un maratón de cine infantil en la biblioteca. Retiramos las mesas y los bancos de estudio y extendimos los colchones en el suelo.

 

Turron en MH

Gracias a la madre de Bea, disfrutamos de turrón español a la ugandesa.

 

turron navidad 2014

Algunos miraban extrañados, pero todos degustaron el turrón. Un lujo ver sus caras de emoción.

 

Preparamos el ordenador y dispusimos las películas en sesión continua, una detrás de otra, mientras íbamos retirando los cuerpecitos dormidos de los más pequeños conforme sucumbían al cansancio nocturno. Sin embargo, los mayores estaban encantados de ver una película tras otra, disfrutando de lo lindo. Todo eso acompañado de algún que otro dulce, además del correspondiente turrón y de las imprescindibles palomitas. No os podéis imaginar sus caritas de alucinación cuando descubrieron que las películas que iban a ver eran todas nuevas para ellos, obsequio de unos buenos amigos españoles. Gracias a ellos tuvieron los niños de Malayaka House su maratón de cine infantil, que contó con nada más y nada menos que cinco proyecciones. A eso de las tres de la mañana, con la mitad de la sala ya durmiendo en sus camas y la otra mitad a punto de dormirse también, cerramos la sesión. Y con ella, la Nochebuena.

 

Lo que más me está gustando de esta navidad en Uganda es que, de momento, no está teniendo buenos propósitos. Y me explico. Esta navidad se vive como la continuación del año, no como un paréntesis de buenas intenciones. Y como tal, los niños siguen siendo niños, y siguen siendo buenos. Nadie les dice, “si no te portas bien, los Reyes Magos no te van a traer lo que has pedido”. Eso no pasa aquí, puesto que los niños de Malayaka House no piden nada, ni tienen reyes. No tienen una razón para portarse bien. Son buenos, y punto. Sin razones, sin reyes y sin navidades. Todo el año. Así, todo lo que les viene dado, ya sea un pequeño juguete, un dulce o una visita de un amigo, es algo que es para ellos un regalo. Y por eso dan las gracias. Entienden que nada de eso es merecido, y lo reciben con una alegría y un agradecimiento que solo he visto y vivido aquí. Y si lo pensáis realmente, tiene sentido. En España no he oído a un solo niño dar las gracias a los reyes magos o a papá Noel por los regalos. Yo, de niña o de mayor, tampoco lo hice. ¿Por qué dar las gracias, si yo me he portado bien? En vez de un regalo, parece más un contrato. Y es una pena. Cuando debería ser un motivo de alegría para todos. Éste es otro de los puntos en los que trato de reflexionar desde aquí, pero que me tocará madurar cuando ya esté en España.

arnoldy regalo

Unos ojos como los del pequeño Arnold, que mezclan alegría y agradecimiento, son raros de ver fuera de lugares como Malayaka House.

 

¿No es casi todo en la vida una cuestión de suerte?

En qué país y en qué familia naces son cosas que no mereces, pues no has hecho nada para que ocurra así. Y la vida te lo da: unas veces te toca suerte, otras te toca menos suerte, y otras, como a los niños de Malayaka House, les toca mala suerte. Menos mal que el mundo cuenta con gente con dos manos, un cerebro y un corazón para cambiar esto, y habitan nuestro planeta gente como la que forma parte de la casa de acogida Malayaka House que trabaja cada día para que la mala suerte que puede tocarte al nacer si eres ugandés, se convierta en buenísima suerte al formar parte de esta gran familia. La familia de Malayaka House.

 

Algunos regalos que repartimos estos días, y algunas caras de asombro. Menudo regalo el nuestro de poder disfrutarlas.

Algunos regalos que repartimos estos días de navidad en Uganda, y algunas caras de asombro. Menudo regalo el nuestro de poder disfrutarlas.

 

Ante la buena suerte que yo siempre he tenido por tener la familia y amigos que tengo, se ha sumado este año el poder formar parte de esta otra gran familia. Y esto, como mi familia española, no lo he merecido, tampoco. Por eso quiero, desde aquí, daros las gracias a todos, grandes y pequeños de Malayaka House, por haberos cruzado en mi camino.

Nueva vida, y nueva navidad en Uganda, para todos.

 

2 Comentarios

  1. Prado's Gravatar Prado
    enero 1, 2015    

    Cuanta verdad encierran tus palabras…Feliz año nuevo auntie Marta … Besos

  2. Miguel's Gravatar Miguel
    enero 1, 2015    

    enorme post Marta! Me has hecho reflexionar acerca de cosas que de otra manera nunca me habría parado a hacer. Gracias guapa! Qué grande eres
    Un besote

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